Celestún: cuna de manglares y flamencos

Celestún: cuna de manglares y flamencos

Una vez instalados en Mérida, salimos hacia Celestún porque yo moría por ver flamingos que tapizaran el paisaje. Celestún se encuentra en una reserva natural en la frontera de Campeche y Yucatán, desde Mérida te toma aproximadamente una hora y cuarenta minutos, por lo que decidimos salir justo después del desayuno. A las 11am ya estábamos allá. Celestún, más que un refugio para las colonias de flamencos rosados, es un pueblo pesquero con arena blanca y mar color verde esmeralda, hogar de miles de aves y cuna de los famosos manglares.

Sin saber bien por donde empezar, nos dirigimos a la playa y un señor nos abordó para ofrecernos el recorrido. Quisimos ir en busca de otros vendedores para comparar precios pero después de un rato nos dimos cuenta de que no valía la pena. Son una cooperativa y por lo mismo TODOS tienen el mismo precio para ayudarse entre sí en lugar de competir. El paseo cuesta alrededor de $200 y $300 pesos por persona, dependiendo de la temporada y dura aproximadamente 2 horas.

El problema es que si vas solo o en pareja, tienes que esperar a que se llene la lancha y puede demorar bastante. Refugiados del sol, en la palapa nos pusimos a platicar con los de la cooperativa y entre risas y momentos incómodos pasaron 30 minutos antes de poder subirnos a la lancha. “Si hubieran venido ayer estaba totalmente rosa, flamencos por todos lados.” “El turista se gasta todo en Cancún y Playa del Carmen, cuando vienen para acá piden descuento… así no se vale.” “Joven, no se case… cuando veo que mi señora va a empezar a pelear mejor le digo que me tengo que ir a ver al compadre para ayudarle a instalar algo y ahí la dejo.”

Empezamos recorriendo un buen tramo de mar. El color es impresionante y no recuerdo otra playa en México que tuviera ese verde que resalta con el desierto de arena blanca a su alrededor. Poco a poco la lancha fue bajando de velocidad, nos estábamos acercando. Aunque no había miles como lo había imaginado, los flamingos que estaban eran hermosos y moría por bajarme de la lancha para verlos de cerca. Había algunos bebés de color blanco y otros adultos machos de un rosa resplandeciente. ¿Sabían que su color se debe a un plancton que comen?

Después de admirarlos por unos minutos y de estresarme por las malas fotos que tomé (si llevan celular ni pierdan el tiempo, es un fenómeno que se admira y se almacena en la memoria), seguimos el recorrido. Era tiempo de adentrarnos en los gloriosos manglares. Los manglares son una formación de vegetación que se da en las costas, con árboles entre 1 hasta 30 metros de altura. Pasamos entre ellos y sus fuertes raíces y los nidos de termitas te recuerdan la inmensidad de la naturaleza.

Cuando regresamos aún era temprano y aprovechamos el resto del día para tomar un poco de sol y darnos un buen baño. Si quieren comer delicioso, entren en algún local de la playa, si mal no recuerdo el que está hasta la derecho viendo al mar, es el más popular.

Empezaba a caer la tarde cuando emprendimos nuestro camino de regreso, pero no sin antes parar en Real de Salinas, ubicado a unos 10 kms de Celestún. Aquí se encuentran los vestigios de una prospera comunidad dedicada a la exportación de sal y palo de tinte. Pero que con el paso de los años, cada habitante fue desapareciendo hasta que solo quedaron las ruinas que hoy en día se ven. Aunque la parada no fue algo espectacular, el trayecto dentro de la reserva es hermoso y siempre es bastante impresionante como un pueblo puede llegar a desaparecer completamente mientras su vecino se mantiene.

Así que ya saben viajeros, preparen su mejor cámara y vayan a cazar flamencos y paisajes desérticos durante su visita a Yucatán.

Creadora y Editora del blog Petite Touriste. A través de las palabras y la imagen busco recrear las sensaciones de cada uno de mis viajes.

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