Crónicas de una blogger navegando: Procida e Ischia

Crónicas de una blogger navegando: Procida e Ischia

Cuando me dijeron que el puerto de Nápoles era dentro de un castillo, creí que era una broma. Tuvimos la suerte de encontrar un espacio en la mini marina a un lado del Castel dell’Ovo, un castillo construido en 1128, residencia de los reyes de Nápoles. Y es así como, después de dar una vuelta por la ciudad, terminé cenando bajo el castillo, ¡já! Estamos recorriendo las principales calles de la ciudad y no puedo evitar recordar Roma, mientras camino me encuentro con edificios hermosos y antiguos. Sin saber bien por donde ir, terminamos en la calle más trendy de Nápoles, la cantidad de personas es abrumadora y giramos a la izquierda. Sin darnos cuenta terminamos en el corazón de la ciudad, con una esencia más real y “de barrio”, hay vecinos que se gritan de balcón en balcón, familias enteras viajando en una sola Vespa y hasta cargando televisores, tan acelerados y en su mood que si no te quitas es probable que terminen atropellándote.

Esta mini parada fue para recoger unos amigos y descansar, al día siguiente partíamos hacia Procida. Navegamos, nadamos, comemos y perfeccionamos el bronceado durante el trayecto; mi cuerpo se empieza a acostumbrar al ir y venir de las olas, a este momento nómada en el que me olvidé de todo. Procida llama mi atención desde lo lejos, tiene llamativas y pintorescas casas, este es otro momento en el que me siento en una postal. A pesar de ser la isla más pequeña del Golfo de Nápoles, se hizo famosa por ser la sede de varias películas, como “Il Postino” o “El cartero y Pablo Neruda”. Recorro la isla y me enamoro de su ambiente relajado y sus callejones con tiendas pequeñas y locales, llegamos al mirador y desde ahí disfrutamos de los últimos instantes del atardecer.

Pasó la noche, desayunamos rico y seguimos explorando hasta que llegó la hora de dirigirnos a la última parada del viaje, Ischia. Esta isla fue el perfecto final del recorrido, justo cuando creí que no podíamos encontrar lugares más bellos, llegamos. No sé si era la nostalgia de las últimas horas o el verde intenso de la naturaleza que dominaba a la isla, pero definitivo fueron los momentos con más conexión con el universo y de paz para el corazón.

Y es así como terminó una de mis mejores aventuras del 2015, en donde me divertí como nunca, aprendí y llevé mi ser fuera de su zona de confort. Descubrí que puedo ser de esas niñas que empacan solo tres prendas para poder llevar una mini maleta, que dormir con el oleaje del mar no es tan difícil, aunque de vez en cuando te despiertas porque sientes algo raro; que después de estar varios días en el mar, pisas tierra firme y te mareas. Pero lo más valioso fue la compañía, las risas, las memorias y ese sentimiento de libertad y alegría pura…

Creadora y Editora del blog Petite Touriste. A través de las palabras y la imagen busco recrear las sensaciones de cada uno de mis viajes.

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